viernes 14 de noviembre de 2008

El baile de los diplomáticos

Podemos definirlo así: un mediador para Oriente Medio es alguien que se pasa el día no haciendo nada sin parar.

Hagamos un repaso. Por un lado tenemos a Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, la cual ya ha aprobado un mandato de alto el fuego «inmediato» hace unos días. Israel lo rechazó sin más consecuencias. Hamás lo ha condicionado al levantamiento del bloqueo que la propia ONU condena, lo que, extrañamente, se ha considerado como un rechazo equivalente. Aún así ¿Dónde está Ban? ¿En Israel? ¿En Gaza? No, en Egipto. ¿Y dónde va después? A Jordania.

En Egipto precisamente, el país con el que Israel pactó su ofensiva, teníamos el lunes a Miguel Ángel Moratinos. Su propuesta de enviar guardias civiles a reforzar el bloqueo de Gaza que la ONU ha condenado habrá hecho levantar las cejas a más de uno, pero tratándose de Moratinos la probabilidad de que se haya expresado mal es estadísticamente muy alta. Ayer estaba en Siria y hoy quizá ya esté en Israel, para lo cual ya ha pagado peaje. Los socialistas que fueron a la manifestación del domingo entenderán ahora por qué José Blanco se distanció de ella. El PSOE se sumó por la presión de sus bases, pero en las alturas del poder Zapatero ha dejado todo en manos de Moratinos, quien desde ya hace tiempo que a falta de una política propia mimetiza la de Nicolas Sarkozy.

Mala elección de modelo. Este ya ha hecho la gira Egipto-Siria-Israel, y nada. La suya es una de estas mediaciones con el GPS averiado. No se sabe dónde está ¿Y Solana, representante vitalicio de la UE? Desaparecido. ¿Y Tony Blair, enviado del Cuarteto a Oriente Medio? Tampoco se le ha visto, aunque en su caso se entiende: por increíble que parezca, compatibiliza este puesto (que uno diría que exige dedicación completa) con el de miembro del consejo de administración de un banco.

En todo caso, todos (incluido Moratinos y con la excepción de Ban) han tomado partido claramente por Israel desde el comienzo del ataque, lo que no permite describir sus esfuerzos como «mediación» sino como «presión». Es un matiz. Por eso la gente que se pregunta estos días por qué la diplomacia no puede parar la tragedia de Gaza, se equivocan de pregunta. La pregunta es por qué no quiere.


Miguel Anxo Murado

La papelera de la ONU engorda

A la papelera de la ONU no le habrá sorprendido que le hagan tragarse la resolución de alto el fuego 1860 del Consejo de Seguridad. Debe de estar ya acostumbrada. Tal y como está redactada, nada garantiza que Israel no seguirá sometiendo a bloqueo a la franja de Gaza, y ese bloqueo fue el motivo del fracaso de la tregua que Hamás impulsó y mantuvo durante seis meses. Por otra parte, Hamás ni siquiera se siente concernida por la idea de un alto el fuego, puesto que es el Ejército israelí el que está a la ofensiva en este momento.

Como indica claramente la abstención (y no veto) de Estados Unidos, esta resolución era más bien un intento desesperado de ofrecer una salida a Israel, y darle en los despachos lo que no ha logrado aún en el campo de batalla. La ONU, que tampoco esta vez ha previsto ninguna sanción por incumplimiento, no puede hacer ya más por Israel. Ni siquiera ha condenado la muerte de sus trabajadores a manos del Ejército israelí ni el bombardeo de dos de sus escuelas, algo que habrá dejado pensativos a los funcionarios de la ONU en todo el mundo.

La oferta de monitores europeos en el paso de Rafah, el compromiso egipcio de destruir los túneles por los que entran armas (y comida) en Gaza y el derecho de Israel a abrir o cerrar las fronteras son una vuelta al statu quo antes de este conflicto. Que Hamás lo rechace es lógico: Egipto se ha revelado como su segundo peor enemigo y Europa ha perdido toda credibilidad a ojos no ya de Hamás, sino de todos los palestinos. La pregunta sería ¿por qué no lo acepta Israel?
No lo acepta por ahora porque Israel no quiere una victoria diplomática, sino militar. Después de su derrota a manos de Hezbolá hace dos años, ni el prestigio del Ejército ni las expectativas electorales del Gobierno sobrevivirían a otra parecida. En el 2006, se prometió al público que se «aplastaría» a Hezbolá y, como suponía el resto del mundo, Hezbolá tiene ahora exactamente el doble de efectivos que entonces. Ahora los políticos han tenido la prudencia de ser más abstractos, pero ya sea el objetivo de esta operación impedir el lanzamiento de cohetes por parte de Hamás o hacerle perder el control de Gaza, el Ejército no ha sido capaz por ahora de lograr ninguno de los dos. Por eso Israel dice preferir la iniciativa francoegipcia, que en realidad es idéntica a la aprobada por la ONU: no porque sea más favorable, sino porque tardará más. Israel va a seguir, pues, no hasta ganar, porque eso es imposible, sino hasta que el Gobierno pueda convencer a los electores de que ha ganado.

Miguel Anxo Murado

Leyes internacionales

Es una suerte que las leyes internacionales solo sean de aplicación en ese ámbito, entre países. Porque imaginémonos lo que sería nuestra vida si la policía y los jueces actuasen como lo hace la comunidad internacional cuando quiere resolver un conflicto. Para empezar, la policía no intentaría impedir todos los delitos, tan solo los que afectasen a personas de determinadas nacionalidades, con poder adquisitivo o un cierto prestigio social. Y aún así lo haría siguiendo una lógica peculiar.

Si un agente, por ejemplo, se encontrase en la calle con dos tipos peleándose, uno con un cuchillo y el otro con un mondadientes, le pediría al del mondadientes que por favor se dejase apuñalar un rato antes de intervenir. Luego, le preguntaría al del cuchillo que por qué se quería cargar al otro. «Es que intenté robarle la cartera y no solo no se dejó sino que encima me dio un puñetazo» respondería este. Y el policía, sacudiendo admonitoriamente la cabeza, le diría al del mondadientes: «Así que ha recurrido usted a la violencia? Ande, dele la cartera al señor del cuchillo, que yo intentaré que, a cambio, él lo invite a un café en una fecha por determinar mediante un acuerdo negociado por unos señores que viven en Soria y no pintan nada en esto, y así pondremos fin a este lamentable contencioso histórico en el que ambos, reconózcalo, son igual de culpables».

Si el Código Penal fuese como las leyes internacionales, los jueces no pronunciarían sentencias contra los criminales, tan solo emitirían «recomendaciones» o «ruegos». Dirían: «Sr. X., observo con creciente preocupación que es usted un asesino en serie de prostitutas. Le ruego que deje esta fea costumbre, o que al menos no mate de manera desproporcionada, aunque me apresuro a decir que estoy de acuerdo con usted en que lo más urgente ahora mismo es acabar con la prostitución». Así es, si las leyes internacionales rigiesen nuestra vida, las personas honradas estarían siempre en peligro. Por fortuna, al aplicase a otros, esas leyes no nos afectan? Hasta que esos otros seamos nosotros mismos, claro está.

Miguel Anxo Murado

Caos en las diplomacias árabes y en la europea

Mientras que en Israel empiezan a surgir brechas en el unánime apoyo al ataque a Gaza, en los países árabes de la zona esas brechas, que ya existían, no hacen sino evidenciarse más cada día que pasa, exhibiendo todo su conocido almacén de contradicciones, medias verdades y poses falsas.

Egipto había pactado con Israel esta operación, con la esperanza de desplazar a Hamás del poder en la franja y sustituirlo por su aliado, el desacreditado antiguo jefe de policía palestino Mohamed Dahlán. El presidente egipcio teme a los islamistas tanto o más que Israel, tanto por lo que tienen de islamistas como por lo que tienen de Gobierno elegido en las urnas. Sin embargo, la intensidad de la ofensiva israelí empieza a resultar intolerable para él y por eso es quien más se esfuerza en buscar una tregua. Pero Egipto es, después de Israel, el mayor receptor de armamento norteamericano, por lo que su plan está estrechamente coordinado con la agonizante Administración Bush.

En todo caso, la sustitución de Hamás por Al Fatah se ha vuelto más complicada. El mandato presidencial de Mahmud Abás expiró ayer y con él su legitimidad, mientras crece la popularidad de Hamás. Pocos creen posible celebrar elecciones en estas circunstancias, y son menos quienes lo desean. Por eso la entrevista Abás-Zapatero es un gesto tan vacío como las palabras que se pronunciaron en ella. Casi tanto como la invitación, rayana en la parodia, que cursó la primera dama de Turquía a la esposa del presidente español para una «reunión de primeras damas para hablar de Gaza» y que Sonsoles Espinosa ha declinado sensatamente. El Gobierno de Turquía es islamista, democrático y mantiene buenas relaciones con Israel, pero los sucesos de Gaza lo han puesto en aprietos.

Y finalmente, el Líbano. Aunque se llene la boca de amenazas, Hezbolá no quiere otra confrontación con Israel. Por eso se ha apresurado a desvincularse de los cohetes que cayeron ayer en territorio israelí, lanzados seguramente por alguno de los 400.000 refugiados palestinos que hay en el Líbano con la intención de forzar a Hezbolá a cumplir con sus promesas de solidaridad. España, cuyas tropas están desplegadas en esa zona, podría verse implicada también, lo que sería desastroso. Pero España, como el resto de la UE, no sabe qué hacer. Entre la minúscula Presidencia checa y el afán de protagonismo de Nicolas Sarkozy, todo parece encaminarse a uno de los clásicos frutos de la diplomacia en Oriente Medio: más violencia seguida de un mal arreglo.
Miguel Anxo Murado

Los números y la moral

Las comparaciones son odiosas. Sobre todo para aquel a quien dejan en evidencia. Pero para saber hay que comparar. Ayer, por ejemplo, en tan solo un ataque, Israel mataba a más civiles que Hamás con todos sus cohetes caseros Qassam. Eliminar la amenaza de esos cohetes era el objetivo oficial de esta guerra, y ciertamente se trataba de una amenaza, pero esta hay que valorarla sensatamente. Israel llegó a calificarla de «amenaza existencial», lo que suscita la pregunta de cómo tienen que calificar entonces los palestinos (y nosotros) esta operación militar israelí en curso.

Esos números de la operación militar en curso plantean a su vez más preguntas, y obligan a reflexionar sobre la manera en la que nos referimos a Hamás y al Ejército israelí. Incluso cuando se atreven a hacer una mínima crítica a Israel, los líderes políticos europeos se sienten obligados a condenar siempre con mucha mayor dureza a Hamás, haya hecho lo que haya hecho. Esta es, efectivamente, una organización que ha empleado la violencia en el pasado y de una manera brutal. Pero también esa violencia debe ser medida y pesada, puesto que se la utiliza como argumento. Y entonces nos encontramos con que Israel ha matado a más civiles en diez días que el propio Hamás en sus veinte años de historia. Casi el doble. En semana y media.

Los portavoces israelíes nos repiten con una monotonía cansina que su Ejército trata de minimizar las bajas civiles, cuando la tozuda realidad nos demuestra que eso no es así. Es tan poco creíble como cuando Hamás asegura dirigir sus cohetes contra las instalaciones militares de las ciudades del sur de Israel (y es verdad que las hay).

Quizá haya llegado el momento de ser más justos, y revisar la demonización a la que se ha sometido a los grupos palestinos (antes Al Fatah, ahora Hamás) y que solo ha servido para preparar el terreno a la muerte de miles de civiles inocentes.
Miguel Anxo Murado

La importancia de un planeado márketing de la guerra

Israel maneja una estrategia informativa para dar al mundo su versión, pero es difícil que cuaje al lado de imágenes de Gaza

Hay un márketing de la guerra. Como el márketing comercial, depende mucho del dinero que uno tenga, pero nada garantiza que el discurso del más fuerte se imponga siempre. El caso palestino-israelí, a pesar de la asimetría entre ambos lados, es un buen ejemplo de los límites de la propaganda.

Tras el tercer día de ataques sobre Gaza, los políticos israelíes estaban exultantes. Igual que la estrategia militar, la informativa había sido preparada con mucha antelación y, horas antes de que empezaran a caer las bombas, la maquinaria estaba en marcha.

Una circular de la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, ordenaba a todos los embajadores solicitar cuanto antes tiempo en televisión, mientras que Tel Aviv ofrecía a las cadenas, hambrientas de analistas, portavoces multilingües que repetían un número limitado de eslóganes acordados previamente. El resultado fue que, en esos primeros días, la relación de minutos concedidos a portavoces israelíes o palestinos, favoreció a los primeros en una relación de 68/32. Incluso cadenas árabes, como Al Yazira o Al Arabiya, dieron más espacio a portavoces israelíes, en parte por el temor que inspira en algunos regímenes árabes la victoria electoral de Hamás en el 2006.

Para el jefe de informativos de la televisión pública israelí, Arad Nir, el calendario de los ataques estaba pensado para maximizar la estrategia de comunicación: «Al coger al mundo entre Navidad y Año Nuevo, la atención está en otra parte y tenemos un hueco». Pero él mismo señalaba que se trataba de un hueco pequeño: «Cuando terminen las fiestas, las pantallas tendrán más espacio libre y se inundarán de imágenes horribles de Gaza».

Palabras contra imágenes
Efectivamente, si los palestinos están en franca desventaja a la hora de hacerse oír (nada menos televisivo que un líder de Hamás), una simple imagen de Gaza es devastadora. Israel se quiso anticipar, prohibiendo la entrada de periodistas en los meses de calma que precedieron a la ofensiva. Pero Al Yazira y la BBC ya estaban dentro, y las imágenes empezaron a salir. Aviv Shir-On, director general israelí de Medios, lo confesaba casi cándidamente al diario Jerusalem Post : «Cuando te ponen hablando en una pantalla partida, con imágenes de Gaza al lado, es muy difícil encontrar palabras para contrarrestarlas».

Impresión de «limpieza»
Un modo de contrarrestarlas es proporcionar otras imágenes espectaculares, pero que no muestren sangre. En estos casos son muy útiles las grabaciones hechas desde helicópteros de combate que, mientras dan una impresión de «limpieza» y precisión, con su aire de videojuego despiertan al niño que muchos espectadores llevan dentro.

Hasta que un incidente dañó seriamente este esfuerzo. Una grabación que mostraba, supuestamente, la muerte de varios palestinos que cargaban misiles en una camioneta, resultó ser, tras una investigación de la única periodista israelí en Gaza, Amira Hass, un grupo de trabajadores inocentes, y los supuestos misiles, unas bombonas de oxígeno para hinchar globos de feria.

En YouTube, donde se había colocado el vídeo (lo había colgado la propia aviación israelí), los usuarios votaron abrumadoramente su supresión, aunque días más tarde presiones israelíes obligaron a la propietaria de YouTube, Google, a volver a colgarlo. Y es que, como en Gaza, en los medios se lucha casa por casa.

Perder fuelle
Pero todo tiene un límite y, como advirtió en su momento otro alto cargo de la propaganda israelí, Dan Guillerman, había que darse prisa. «En cualquier momento», profetizaba el día 30, «una bomba puede matar a un número excesivo de civiles». Y eso es lo que ocurrió el martes cuando dos escuelas de la ONU saltaron por los aires. Aunque, tras unas horas de dudas, Israel alegó que había en ellas guerrilleros de Hamás, el representante de las Naciones Unidas, Christopher Gunness, lo negó y exigió una investigación independiente.

Ayer, desde el diario israelí Haaretz , un analista sentenciaba que una vez que la maquinaria de la propaganda empieza a perder fuelle, es mejor buscar un alto el fuego.
Miguel Anxo Murado

Fin de Século en Palestina

Miguel Anxo Murado



La Segunda Intifada. Historia de la revuelta palestina

Miguel Anxo Murado


jueves 13 de noviembre de 2008

Moratinos, Gomaespuma

Aparella de humoristas coñecida como Gomaespuma sempre me fixo rir. Ultimamente oíra que se separaran, o que non sei se é certo, e dábame mágoa. Por iso me alegrei ao ver que un dos compoñentes de Gomaespuma vai facer un espectáculo no Círculo de Bellas Artes de Madrid con Miguel Ángel Moratinos como compañeiro de mesa. O acto, polo visto, ten por obxecto a presentación dun libro que escribiu o humorista (neste caso, refírome ao de Gomaespuma).

Non sei se é definitivo, pero paréceme estupenda esta elección de Moratinos como novo compoñente do dúo cómico. Moito mellor, desde logo, que o traballo que ten agora, que non sei exactamente cal é porque, aínda que digan que é ministro de Asuntos Exteriores, non o creo. Non creo que Moratinos sexa o xefe da diplomacia dun país. Se fose así, saberíase. Si, véxoo viaxar algunha vez, pero se se desprazase por traballo habería algún resultado, algún acordo importante, algunha intervención brillante que se reseñase nalgún lado. Se de verdade tivésemos un ministro de Exteriores socialista, o asunto saharaui estaría xa medio resolto. España tería unha política exterior propia nalgún asunto (Afganistán, a UE, Oriente Medio, África). Non é así, e eu xa me afixen á idea de que o Ministerio de Exteriores en España é unha cousa que levan os funcionarios pola súa conta, xestionando o papeleo. Ademais, Zapatero non se caracteriza por facer nomeamentos ministeriais brillantes, pero ¿Moratinos, ministro de Exteriores? ¿Cómo ía facer ninguén unha cousa así?

En Gomaespuma, en cambio, Moratinos encaixa fenomenal. Vin o que supoño que foi a súa primeira representación e pareceume verdadeiramente hilarante. Actuaba no Parlamento e o número consistía en explicar a cuestión do uso de aeroportos españois para os secuestros e torturas da CIA. Contábao desa maneira en que explica Moratinos as cousas, estilo Mariano Ozores, pero polo que se podía entender, parecíalle ben o que fixera o Goberno de Aznar (Moratinos cre que segue gobernando). En todo caso, para el, aínda se a tortura e o secuestro estivesen mal, como pensan os progres e a ONU, os americanos non utilizaron finalmente os aeroportos españois (o que coñecendo Barajas é comprensible). Os deputados non riron, supoño que porque non estaban, como tantas veces. Eu en cambio si que rin, porque ten que ser unha broma.

Miguel Anxo Murado
ESCRITO EN CAFETERIAS

¿Gandhi?

O retorno de Hernández Mancha aos medios non puido ser máis simpático, como pintoresco fora xa o seu breve paso polo liderato do PP cando o PP era AP. En apoio a Rajoy diante da campaña aznarista contra este, Hernández Mancha asevera que o líder do PP é «como Gandhi», e que «acabará triunfando igual que Gandhi». ¿Acabar igual que Gandhi? Espero de todo corazón que non. ¿É que Hernández Mancha non sabe que Gandhi acabou asasinado a tiros por un membro extremista do seu propio partido? Aznar está agresivo, pero non creo que chegue a tanto. O que ten que facer Hernández Mancha é rematar o libro de Lapierre e Collins que supoño que estará lendo, ese que dedicaron ao político independentista hindú (o que aquí chamariamos un separatista), e verá o mal que acaba. Pero non é de Rajoy, de feito, de quen quería eu falar, senón de Gandhi, un deses personaxes tan mitificados que de vez en cando merecen unha pequena revisión crítica. Sobre todo, nuns días nos que se evidencian as graves carencias e o grave fracaso da democracia india.

Gandhi detestaba a violencia (no que tiña razón) e cría que o pacifismo podía lograr calquera cousa (o que xa non é tan evidente). Pero era tamén o que hoxe chamariamos un integrista relixioso. Non lle gustaban os hospitais, porque para el eran «unha institución que propaga o pecado, fai que a xente teña menos coidado co seu corpo e creza a inmoralidade». Isto non lle impediu a el ir curarse de varias fístulas a Londres. Tamén estaba en contra da educación e non permitiu que o seus fillos estudaran, a pesar de que el fora á universidade en Inglaterra. Con todo, un deles, Hariral, aprendeu o suficiente como para escribir unha biografía demoledora do seu pai, na que nos mostra un Gandhi moi diferente: un pai iracundo, tiránico e egoísta. Que Gandhi triunfou, como pensan Hernández Mancha e tanta xente, é máis que discutible. A súa campaña en favor do tecido artesanal foi a ruína de millóns de familias (resultaba catro veces máis caro que o algodón industrial). Contra o que normalmente se pensa, o trasacordo que levou á separación de Pakistán foi causa da intolerancia de Gandhi, non da do musulmán Jinnah, moito máis moderado ca el e, a diferenza de Gandhi, laico. A India independizouse, pero o caos que seguiu provocou un cuarto de millón de mortos. Non foi culpa de Gandhi, pero tampouco é para louvar a súa xestión. En definitiva. Está claro que Rajoy non é Gandhi. Pero é que seguramente Gandhi tampouco era Gandhi.

Miguel Anxo Murado
ESCRITO EN CAFETERIAS

Capitalismo exprés

Houbo unha época na que unhas rapazas me acosaban. Falo desas azafatas de American Express ás que a empresa paga catro pesos para que che expliquen un contrato crediticio en dez segundos. Escóllenas por carecer completamente de defectos visuais, o que lles permite ler a letra dos contratos desta empresa, redactados por un tipo deses que talla o padrenuestro nun gran de arroz. American Express non me concedeu a súa tarxeta porque descubriu que a cousa máis cara que comprei na miña vida fora un coche normaliño que aínda teño. E as súas azafatas xa non me volveron facer caso. Non querían os meus miserables cartos de clase media.

Por iso estou contento, ou algo así, de que por fin American Express se decidira a aceptar os meus cartos e os de xente coma min (vostede, por exemplo). Mediante un deses trucos nos que a man é máis rápida que o ollo (e non digamos que a lei), American Express, que ten nome de tren pero é unha financeira, redefínese agora como «banco», e aí está, pillando moreas deses millóns que tan xenerosamente reparten os nosos políticos a un ben nutrido grupo de banqueiros (e «ben nutrido» emprégase aquí nos dous sentidos da palabra). Máis exprés imposible.

Xa saben como empezou todo isto. George Bush dixo que ía «inxectar liquidez no sistema», e todos pensamos que se volvía dar á bebida, pero non. A idea é que temos que darlles aos bancos créditos a intereses ridículos para que eles nolos presten (ou non) a intereses disparatados. É o novo capitalismo, que é como o vello pero máis gracioso. Explicábamos aquí outro día que a «man invisible do mercado» é tan invisible que cando te descoidas xa che quitou a carteira... Engadamos que, como di nas Escrituras, «a man dereita non sabe o que fai a man esquerda», e así, American Express non ten problema en asentir cunha man e negar coa outra, como fan os gardas de tráfico.

O que me pregunto é se nós non poderiamos tamén declararnos «bancos». Despois de todo, cartos estamos prestando a eito... E sendo bancos, ¿non deberiamos darnos a nós mesmos algo desa pasta gansa que estamos gastando en millonarios? A quen sexa o ministro de Economía (sáeme Emilio Botín, pero non estou seguro), a quen sexa, digo, pareceralle que isto é moito pedir pola nosa parte. Que cousas... A min, en cambio, o que me parece é que é moito dar pola nosa parte.

Miguel Anxo Murado
ESCRITO EN CAFETERIAS

O banqueiro anarquista

Pessoa escribiu unha obra que se chamaba O banqueiro anarquista. Pretendía ser especie e broma, pero Pessoa non coñecía os nosos tempos, onde o banqueiro pode ser un anarquista, senón no sentido político si no sentido etimolóxico de «aquel que non admite ningunha autoridade». E así estamos como estamos.
Por exemplo, leo que os presidentes dos consellos de administración das corenta maiores empresas francesas gañaron o ano pasado unha media de 4 millóns de euros (664 millóns de pesetas). ¿Que pensan? A min paréceme moito. Ata llo parecería a un dos homes menos pobres da historia, J.?P. Morgan, que dicía hai cen anos que un empresario non debía nunca gañar máis de vinte veces o salario medio. Sen embargo, o salario medio apenas aumentou nunha década, mentres que o dos presidentes de bancos subiu ata un 51% (aínda que os datos, tomados dun artigo de Frederick Lemaitre, son de Francia, valen para aquí).
Todos sabemos como se chegou a esta situación. Durante anos aseguráronnos que os salarios altos dos grandes executivos incentivan a produtividade. Por iso protestaba a semana pasada o presidente do Deutsche Bank, Josef Ackermann, cando o Goberno alemán falou de limitar as retribucións dos dirixentes da banca á modesta cifra de medio millón de euros por ano. «Os mellores irán buscar traballo a outro país», dicía este home, que se dispón a facer despidos no seu banco (eses si que van ter que ir buscar traballo a outro lugar). Ackermann non quere normas. El é o banqueiro anarquista de Pessoa.
Mais se un mira os datos do Fondo Monetario Internacional, a conta non cadra. Este calcula que os erros dos directores de bancos (incluído Ackermann) causaron perdas por valor duns mil millóns de dólares nos últimos tres anos, mentres que eses mesmos directivos se embolsaban 95.000 millóns. Ackermann, en concreto, meteu no peto uns trinta millóns. De feito, o abuso dos incentivos económicos aos executivos parece ser unha das causas da actual crise financeira, cando moitos deles venderon créditos irrecuperables para cobrar as primas.
este é o meu cálculo: o salario dun presidente de banco equivale a dous séculos dun salario medio. É dicir, que, por poñer un caso, se Agustina de Aragón tivese aforrado ata hoxe, podía facer os cartos que fai nun ano Ackermann. Pero pasado un ano, Agustina tería que aforrar outros douscentos anos máis. E así ata o infinito. Para igualarse con Ackermann, pois, hai que facerse inmortal. Difícil.

Miguel Anxo Murado
ESCRITO EN CAFETERIAS

A man invisible

Adam Smith era un fenómeno. Como o doutor Jekyll, era natural de Escocia, e como este tiña unha dobre personalidade. De día, Smith era un respectable empresario que investía os seus cartos no gran negocio daquela época: a trata de escravos. Despois, ao pechar a Bolsa, recollía os seus dividendos e pola noite convertíase nun tipo que escribía libros sobre a liberdade.

Porque liberdade era o gran tema deste outro Adam Smith: liberdade de comercio, liberdade de empresa... Foi el quen inventou ese concepto que todos coñecen, o da «man invisible do mercado». A idea era que se deixaba actuar só ao mercado, co mínimo posible de regulamentacións e interferencias do Estado, esa man invisible repartiría riqueza e proporcionaría felicidade a todo o mundo. Smith imaxinaba esa man, seguramente, como unha enorme man branca e anciá, cálida, a man dun pai, dun deus benévolo. Pero cando Smith apagaba a vela e ía durmir seica tiña pesadelos con esa man: ás veces convertíase nunha man negra que saía de entre os barrotes de ferro dun gaiola suplicando axuda. Smith acordaba sobresaltado, pero atribuía eses pesadelos ao viño do Porto que tomaba na cea. Así que nada, ía á Bolsa e seguía poñendo cartos no tráfico de escravos e recollendo dividendos.

Adóitase dicir que a economía capitalista é a consecuencia das ideas de Adam Smith, pero non é certo. No seu tempo e despois sempre houbo unha maioría de economistas sensatos que entenderon que unha man invisible, como en xeral calquera cousa que non se ve, non é moi de fiar. Pero nos anos setenta algún tolo desenterrou os libros de Adam Smith, e con eles aquela man inquietante. A eses economistas chamóuselles neoliberais, pero eles preferían chamarse neoclásicos, como se se tratase dun movemento artístico, e conseguiron, en menos de vinte anos, colocar todos os mercados baixo a advocación da man invisible.

Agora, como unha fera que escapa dun circo, a man invisible quedou ceiba e non para de facer estragos. Como é invisible métese nos petos dos contribuíntes, quédase coas hipotecas da xente e pon patas para arriba as bolsas de todo o mundo. Como é invisible non hai forma de atrapala. E mentres ela ameaza con destruílo todo, nós recorremos aos sacerdotes do seu culto, aos mesmos que desenterraron ao monstro, para que o aplaquen coa única oración que, segundo eles, atende: os nosos cartos.

Miguel Anxo Murado
ESCRITO EN CAFETERIAS

domingo 9 de noviembre de 2008

Soldados israelies torturan e se burlan de un prisioneiro palestino

Le produjo náusea al ex comandante de la Brigada Golani del Ejército israelí después de observar el vídeo emitido anoche por el canal 10 de la televisión. "Uau. Es duro ver esto. Primero, estoy avergonzado. No entiendo por qué los soldados necesitan esto", se arrancaba el ex oficial. La escena transcurre en un control militar de Cisjordania. Un grupo de soldados observa a un palestino adulto detenido, maniatado, con los ojos vendados. Ríen mucho. Como si se tratara de un niño de escuela, uno de los uniformados obliga a repetir al civil arrodillado.
Soldado: -"¿Quieres un caramelo?".
Detenido: -"Caramelo".
Intercambian unas palabras y se escucha la carcajada desenfrenada de un uniformado.
Soldado: -"Di: Papá fue a trabajar".
Detenido: -"Trabajar".
S: -"No. Papá".
D: -"Papá".
S: -"Fue".
D: -"Fue".
S: -"A trabajar".
D: "A trabajar".
S: "Te traerá un regalo".
D: "Regalo".
El joven militar pide un aplauso a sus colegas.
S: "Y Golani".
D: "Y Golani".
S: "Te traerá un palo".
D: "Palo".
S: "Para tu culo".
D: "Para tu culo".

El palestino apenas puede contener el llanto. Los soldados no paran de reír. Este abuso ha sido grabado. Como lo fue la orden del teniente coronel Omri Burberg para que uno de sus subordinados disparara una bala de caucho en la pierna a un palestino también maniatado y con ojos vendados. Sucedió en junio. Pero las humillaciones gratuitas son cotidianas en cualquiera de las docenas de puestos militares que salpican el territorio ocupado palestino, unos controles que no pueden eludir y en los que pasan horas cada día para entrar y salir de las ciudades y pueblos.

La media docena de soldados que se mofaban del palestino no mostraban tensión alguna. A juzgar por las carcajadas, se trató de un pasatiempo más. Un portavoz del Ejército aseguró que se estudiaría el caso y que se tomarían medidas. Es lo habitual. Lo que no es frecuente en que los militares reciban castigos acordes con la ofensa cometida. Si es que los reciben. Un uniformado que confesó haber disparado fuego real a un hombre en Hebrón -"me miró mal", aseguró- estudia libre en una yeshiva (escuela religiosa). Se han producido este año casos extremos. Como el del soldado que celebró su licenciamiento forzando a palestinos a montarse en un vehículo militar para luego arrojarlos en marcha a 80 kilómetros por hora. Uno de ellos falleció, otro resultó gravemente herido. El soldado fue condenado a seis años de prisión tras un acuerdo judicial, una opción de la que carecen los palestinos implicados en delitos graves. Casi 700 de ellos están encarcelados sin que se presenten cargos contra ellos. Algunos durante años. Es el Guantánamo israelí.

Acudir a los tribunales israelíes es casi una pérdida de tiempo. Las ONG de este país denunciaban recientemente que el 90% de las demandas presentadas son archivadas sin que se abra un procedimiento. La gran mayoría de los golpeados y vejados en los controles militares opta por tragarse el sapo.