14 nov. 2008

La importancia de un planeado márketing de la guerra

Israel maneja una estrategia informativa para dar al mundo su versión, pero es difícil que cuaje al lado de imágenes de Gaza

Hay un márketing de la guerra. Como el márketing comercial, depende mucho del dinero que uno tenga, pero nada garantiza que el discurso del más fuerte se imponga siempre. El caso palestino-israelí, a pesar de la asimetría entre ambos lados, es un buen ejemplo de los límites de la propaganda.

Tras el tercer día de ataques sobre Gaza, los políticos israelíes estaban exultantes. Igual que la estrategia militar, la informativa había sido preparada con mucha antelación y, horas antes de que empezaran a caer las bombas, la maquinaria estaba en marcha.

Una circular de la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, ordenaba a todos los embajadores solicitar cuanto antes tiempo en televisión, mientras que Tel Aviv ofrecía a las cadenas, hambrientas de analistas, portavoces multilingües que repetían un número limitado de eslóganes acordados previamente. El resultado fue que, en esos primeros días, la relación de minutos concedidos a portavoces israelíes o palestinos, favoreció a los primeros en una relación de 68/32. Incluso cadenas árabes, como Al Yazira o Al Arabiya, dieron más espacio a portavoces israelíes, en parte por el temor que inspira en algunos regímenes árabes la victoria electoral de Hamás en el 2006.

Para el jefe de informativos de la televisión pública israelí, Arad Nir, el calendario de los ataques estaba pensado para maximizar la estrategia de comunicación: «Al coger al mundo entre Navidad y Año Nuevo, la atención está en otra parte y tenemos un hueco». Pero él mismo señalaba que se trataba de un hueco pequeño: «Cuando terminen las fiestas, las pantallas tendrán más espacio libre y se inundarán de imágenes horribles de Gaza».

Palabras contra imágenes
Efectivamente, si los palestinos están en franca desventaja a la hora de hacerse oír (nada menos televisivo que un líder de Hamás), una simple imagen de Gaza es devastadora. Israel se quiso anticipar, prohibiendo la entrada de periodistas en los meses de calma que precedieron a la ofensiva. Pero Al Yazira y la BBC ya estaban dentro, y las imágenes empezaron a salir. Aviv Shir-On, director general israelí de Medios, lo confesaba casi cándidamente al diario Jerusalem Post : «Cuando te ponen hablando en una pantalla partida, con imágenes de Gaza al lado, es muy difícil encontrar palabras para contrarrestarlas».

Impresión de «limpieza»
Un modo de contrarrestarlas es proporcionar otras imágenes espectaculares, pero que no muestren sangre. En estos casos son muy útiles las grabaciones hechas desde helicópteros de combate que, mientras dan una impresión de «limpieza» y precisión, con su aire de videojuego despiertan al niño que muchos espectadores llevan dentro.

Hasta que un incidente dañó seriamente este esfuerzo. Una grabación que mostraba, supuestamente, la muerte de varios palestinos que cargaban misiles en una camioneta, resultó ser, tras una investigación de la única periodista israelí en Gaza, Amira Hass, un grupo de trabajadores inocentes, y los supuestos misiles, unas bombonas de oxígeno para hinchar globos de feria.

En YouTube, donde se había colocado el vídeo (lo había colgado la propia aviación israelí), los usuarios votaron abrumadoramente su supresión, aunque días más tarde presiones israelíes obligaron a la propietaria de YouTube, Google, a volver a colgarlo. Y es que, como en Gaza, en los medios se lucha casa por casa.

Perder fuelle
Pero todo tiene un límite y, como advirtió en su momento otro alto cargo de la propaganda israelí, Dan Guillerman, había que darse prisa. «En cualquier momento», profetizaba el día 30, «una bomba puede matar a un número excesivo de civiles». Y eso es lo que ocurrió el martes cuando dos escuelas de la ONU saltaron por los aires. Aunque, tras unas horas de dudas, Israel alegó que había en ellas guerrilleros de Hamás, el representante de las Naciones Unidas, Christopher Gunness, lo negó y exigió una investigación independiente.

Ayer, desde el diario israelí Haaretz , un analista sentenciaba que una vez que la maquinaria de la propaganda empieza a perder fuelle, es mejor buscar un alto el fuego.
Miguel Anxo Murado