15 nov. 2008

El baile de los diplomáticos

Podemos definirlo así: un mediador para Oriente Medio es alguien que se pasa el día no haciendo nada sin parar.

Hagamos un repaso. Por un lado tenemos a Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, la cual ya ha aprobado un mandato de alto el fuego «inmediato» hace unos días. Israel lo rechazó sin más consecuencias. Hamás lo ha condicionado al levantamiento del bloqueo que la propia ONU condena, lo que, extrañamente, se ha considerado como un rechazo equivalente. Aún así ¿Dónde está Ban? ¿En Israel? ¿En Gaza? No, en Egipto. ¿Y dónde va después? A Jordania.

En Egipto precisamente, el país con el que Israel pactó su ofensiva, teníamos el lunes a Miguel Ángel Moratinos. Su propuesta de enviar guardias civiles a reforzar el bloqueo de Gaza que la ONU ha condenado habrá hecho levantar las cejas a más de uno, pero tratándose de Moratinos la probabilidad de que se haya expresado mal es estadísticamente muy alta. Ayer estaba en Siria y hoy quizá ya esté en Israel, para lo cual ya ha pagado peaje. Los socialistas que fueron a la manifestación del domingo entenderán ahora por qué José Blanco se distanció de ella. El PSOE se sumó por la presión de sus bases, pero en las alturas del poder Zapatero ha dejado todo en manos de Moratinos, quien desde ya hace tiempo que a falta de una política propia mimetiza la de Nicolas Sarkozy.

Mala elección de modelo. Este ya ha hecho la gira Egipto-Siria-Israel, y nada. La suya es una de estas mediaciones con el GPS averiado. No se sabe dónde está ¿Y Solana, representante vitalicio de la UE? Desaparecido. ¿Y Tony Blair, enviado del Cuarteto a Oriente Medio? Tampoco se le ha visto, aunque en su caso se entiende: por increíble que parezca, compatibiliza este puesto (que uno diría que exige dedicación completa) con el de miembro del consejo de administración de un banco.

En todo caso, todos (incluido Moratinos y con la excepción de Ban) han tomado partido claramente por Israel desde el comienzo del ataque, lo que no permite describir sus esfuerzos como «mediación» sino como «presión». Es un matiz. Por eso la gente que se pregunta estos días por qué la diplomacia no puede parar la tragedia de Gaza, se equivocan de pregunta. La pregunta es por qué no quiere.


Miguel Anxo Murado